Matrimonio entre personas del mismo sexo

Es posible que muchos de quienes reciban este comentario se encuentren atribulados ante la circunstancia de haberse sancionado por el Congreso de la Nación,la ley que habilita la celebración del matrimonio entre personas del mismo sexo.

 

 

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NOTICIA COMENTADA

Es bien posible que muchos de quienes reciban este comentario se encuentren atribulados ante la circunstancia de haberse concretado la sanción por parte del Congreso de la Nación de la reforma al Código Civil que habilita la celebración del matrimonio entre personas del mismo sexo.

 

 

 

 

PERSEVERANCIA

 

 

Ello por cuanto como hemos reiterado en varias oportunidades, el reconocimiento de tales uniones a través de la figura del matrimonio, sin perjuicio de la opinión que nos merezca la situación en sí, conlleva un serio germen de confusión, en tanto iguala realidades desiguales en atención al orden natural de efectos posibles de una u otra unión y pone en riesgo el eje de análisis correspondiente al instituto de la adopción de menores, afectando de tal modo al instituto de la Familia que apreciamos de vital importancia para el correcto desarrollo de una nación.

En el caso, el abatimiento se potencia al apreciar que el resultado de la votación que dio curso a la sanción, sólo en algunos casos tuvo origen en el pensamiento personal de los legisladores que tuvieron en sus manos la grave responsabilidad de analizar y votar la maldada iniciativa, sino que en casos determinantes de acuerdo al cerradísimo número con que se adoptó la reforma, su voto, su abstención, su ausencia o la más cínica desaparición del recinto legislativo en el momento crucial de definición de varios de quienes se sabía que no consideraban bondadosa su aprobación, estuvieron impulsados por intereses muy distintos a los que debieron guiar su conducta y decisión.

Desde aquellos que pensando de manera contraria a la iniciativa dieron el voto a favor respondiendo a una orden política, hasta los que suponen no haber agraviado su conciencia que rechazaba la reforma, decidiendo ausencias o viajes inútiles que en su torcida creencia los liberaron de su responsabilidad en el tema; o la conducta de aquellos que, a sabiendas de que su falta de definición incidía de manera determinante en el resultado de la votación, se escudaron en "abstenciones", casi siempre inmorales en un ejercicio de representación, para terminar en la más impúdica conducta de sentarse por un instante con el objeto de dar "quórum" para el inicio de la cesión e inmediatamente desaparecer sin dar opinión ni voto. Todos faltaron a sus conciencias y obviamente también a sus representados.

Lo expuesto, al margen de una consideración general que tanto para el caso analizado como para todos los que revisten similar importancia y repercusión general, resulta una obligación para los representantes del pueblo de una nación; la resolución partidaria de dejar librado a la conciencia de cada legislador su voto en una materia delicada, no implica la liberalidad de decisión conforme el gusto o interés absolutamente personal del legislador, sino dejar librado a su apreciación de cual es el voto pretendido o sino supuestamente más conveniente para sus representados. Algunos legisladores han tenido en consideración tal evaluación; otros claramente no.

Es en todo este crisol de incorrectas conductas en que se sustenta la amarga sensación de que la norma surgida, incluso opínese como se opine respecto de ella, no es producto de la voluntad mayoritaria del pueblo representado, sino el producto de una expresión minoritaria que ni siquiera en su totalidad requería tal reforma, pero cuyos extremos representantes con premeditado cálculo oportunista y aupados por el poder de turno que sin demasiado interés en la iniciativa la aprovechó con pretendido objetivo político siempre ávido por dividir y golpear las instituciones que le resultan esquivas, en este caso la Iglesia (en realidad serán las Iglesias), logró amañadamente de acuerdo al desenvolvimiento y ajustadamente de acuerdo al resultado del asunto, una reforma que traerá más que bondad a los supuestos beneficiados, perjuicios a la enorme mayoría que descree de ella.

No obstante ello, la certeza en la razón sostenida por los que participamos de la preservación del matrimonio entre un hombre y una mujer y que también creemos que sólo el ejercicio cabal honesto y eficaz de la republicana representación política provocará un mejoramiento en nuestras vidas actuales y futuras, sustenta el acierto de redoblar esfuerzos en pos del sostenimiento y recupero de valores, sin dejarnos ganar por el derrotismo. Si consideramos estar acertados y con buen número mayoritario en la creencia correcta, no debemos vernos vencidos. Habrá que redoblar y mejorar esfuerzos en el convencimiento.

Perseverancia ante la adversidad; esa es la fórmula correcta. Y más esfuerzo cuanto más importante sea el bien perseguido. En este caso, sin duda lo vale.

Hagámoslo crecer en nuestros corazones y en los de nuestros semejantes.

 

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Buenos Aires, 15 de julio de 2010.

 

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